Fuente: http://www.elmundo.es/internacional/2016/01/30/56ace03922601dc46a8b45c2.html
Es el primer río que se traga la minería. Un cauce sin agua,
atestado de cráteres, donde cientos de personas sacan oro a raudales.
El San Bingo, que el año pasado arrasó con casas,
puentes y sembradíos en una fuerte tormenta, es hoy un camino árido
entre montañas frondosas.
La Tercera División del Ejército colombiano descubrió el desastre ambiental en el transcurso de la operación Espartaco
contra la extracción ilegal del citado metal, en el departamento del
Cauca, al oeste de la nación sudamericana. Después del sobrevuelo,
bajaron a tierra para destruir las cinco retroexcavadoras con las que
trabajaban en un área apartada entre los municipios de Almaguer, Bolívar
y Mercaderes. Los militares calculan que los dueños de las máquinas
ganaban unos 3.000 millones de pesos mensuales (830.000 euros).
Además
de secar el San Bingo y destruir fauna y flora en cantidades y especies
que será difícil determinar, arrasaron con 360 hectáreas de bosque
nativo. Las primeras estimaciones señalan que necesitarán una inversión
superior a los 100.000 millones de pesos (27.725.468 euros) y varias
décadas, para recuperar el daño causado.
"Con el desembarco de las
tropas en tierra y tras un minucioso análisis y peritaje de los
alrededores, se observó la desaparición de varias especies que se
extinguieron debido a esta actividad depredadora alrededor del entable
minero", reza el comunicado del Ejército.
Ataques criminales
El San Bingo es tributario del Patía,
otro gran río que vierte sus aguas al Pacífico tras recorrer 150
kilómetros de territorios de vegetación exuberante y casi despoblados.
La minería de oro ilegal, protegida por las FARC, el ELN y bandas
criminales herederas de los paramilitares, están causando una catástrofe
ambiental no sólo en el Cauca sino en otras regiones de Colombia. No
sólo destruyen bosques y fuentes hídricas, sino que contaminan las aguas
con cianuro y mercurio, necesarios para procesar el oro.
Según datos de la policía, obtenida por satélite, existen 95.000
hectáreas en Colombia afectadas por esa actividad. Si bien la minería
ilegal se remonta a varias décadas, ha crecido de manera desbordante en
los últimos cinco años. Si bien la imagen del San Bingo impacta por su
crudeza, el cauca no es el departamento más castigado. La lista la
encabeza el Chocó, también sobre el pacífico, con 40.780 hectáreas.
El
problema ya ha desbordado la capacidad del Gobierno, que reaccionó
cuando era tarde.
Son miles de mujeres, hombres y niños lo que se lanzan
a diario a buscar su sustento en cualquier río o socavón y que no ven
otra manera de ganarse la vida. A ello se suma la aparición de las
retroexcavadoras, que multiplican al infinito la destrucción de la
Naturaleza.
Llevarlas hasta montañas y selva supone pagar sobornos a
distintas autoridades para desplazarlas y contar con la aprobación del
grupo criminal que actúe en la zona, que cobra un impuesto diario y, en
ocasiones, son los propietarios.
La administración actual ha
emprendido un plan agresivo para combatirla, pero este diario ha estado
en numerosas zonas y ha comprobado que si bien un día destruyen la
maquinaria y todo el mundo huye monte adentro, en cuanto desaparecen los
militares, regresan los mineros y vuelven a comprar bulldozer.
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