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sábado, 7 de noviembre de 2015

Creen haber hallado los restos de un barco danés que le dio nombre a una playa de la Patagonia

Fuente: http://www.clarin.com/sociedad/Creen-hallado-XIX-nombre-Patagonia_0_1462654053.html

Restos del barco. / @pedropesatti

Restos de un barco que se cree que pertenecieron a un buque mercante danés del siglo XIX fueron recientemente hallados en las costas de la sureña provincia argentina de Río Negro, confirmaron hoy a Efe fuentes de un museo local. 

Los gruesos maderos, corroídos por la fuerza del mar y del tiempo, fueron hallados en la playa de El Cóndor, situada en la Patagonia argentina.

"Estimamos que es una embarcación a vela mercantil, proveniente de Dinamarca, llamada Cóndor, que le dio nombre a la playa y que naufragó a fines del siglo XIX", dijo a Efe Jorge Bustos, director del Museo Histórico Regional Emma Nozzi. 

Bustos explicó que, de confirmarse, esto sería "una gran noticia" para el pueblo, ya que el único sobreviviente del naufragio, un hombre llamado Cruse, se convirtió en un ilustre lugareño que dejó descendencia en el lugar. 

"Hay una gran conmoción en El Cóndor, mezclado con algo mítico, ya que sería como encontrar las raíces del lugar", añadió el director del museo. 

El Cóndor y la ciudad cercana de Viedma son lugares que se poblaron "con personas de todas partes del mundo", dijo Bustos, por lo que "la cuestión de la identidad" es muy importante como "anclaje de la memoria". 


Asimismo, explicó que varios barcos naufragaron en las costas del lugar, ya que a su llegada enfrentaron inconvenientes como "una barrera, sudestadas y mareas altas y bajas", que combinadas a lo largo de la historia dejaron una especie de "cementerio naval". 

Bustos señaló que desde la Municipalidad buscan crear un museo que reúna todos los restos hallados. Por el momento, el hallazgo está bajo custodia del área de Cultura de la provincia de Río Negro, pero se espera que en las próximas semanas sea analizado por expertos y que se investiguen archivos daneses para saber si efectivamente pertenecen al Cóndor.


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domingo, 4 de octubre de 2015

La fiebre del oro nazi en Polonia

Fuente: http://www.elmundo.es/internacional/2015/10/04/56100c4a22601d7c028b4584.html

 
  Un grupo de periodistas accede a la zona de túneles bajo el castillo de Fuerstenstein, en Walbrzych.

"El ejército ya ha hecho su trabajo y el área está asegurada". Estas palabras pronunciadas el viernes por el ministro polaco de Defensa, Tomasz Siemoniak, fueron el pistoletazo de salida para una tromba de buscadores de tesoros que este fin de semana se han echado al monte en Walbrzych, en la Baja Silesia. 

A principios de agosto, el polaco Piotr Koper y el alemán Andreas Richter hicieron público que habían descubierto la localización de un legendario tren cargado de oro nazi y enterrado en un túnel de las montañas de cuyo contenido reclamaban una parte al Estado de Polonia en calidad de descubridores. 

Comenzó entonces una romería de curiosos y aventurados frenada solamente por la advertencia oficial sobre la existencia de bombas de la II Guerra Mundial posiblemente aún por explotar y todavía diseminadas por las montañas, así como el peligro de restos químicos o radiactivos que podrían resultar peligrosos para los paseantes. Los trabajos del ejército polaco al mando del coronel Artur Talik durante la última semana garantizan sin embargo que ya no hay peligro y ahora es otro ejército, este armado con detectores de metales, el que ha tomado las montañas en busca del Dorado nazi.

Durante décadas han circulado rumores en la región sobre un tren nazi blindado y supuestamente desaparecido en la ruta ferroviaria entre Breslavia y Walbryzch. Según el narrador de la historia, el tren estaría cargado de armas, de prisioneros o de joyas, oro y obras de arte. Esta última hipótesis es la que se ha convertido en un promotor de goteo de turismo para Walbryzch, ciudad de 125.000 habitantes en la que el tren del oro nazi ha cobrado el aura de los mitos. "No dicen la verdad. Aquí no había bombas de la guerra. Lo que ocurre es que los soldados han cerrado la zona para buscar ellos el tren con la excusa de las bombas. Ya se lo he dicho a mis hijos. No iban a dejar que venga aquí cualquiera a llevarse el oro. Pero como hacía buen tiempo y estaban empeñados en venir, pues aquí estamos", explicaba ayer una anciana de 82 años.

Barbara Nowak-Obelinda, conservadora de los monumentos de Baja Silesia, se queja de que los paseantes han excavado antiguos cementerios y restos arqueológicos, como el campo de la batalla napoleónica de Struga, de 1807. La portavoz de la policía Magdalena Koroscik teme por las consecuencias que esta fiebre del oro nazi acabe teniendo para los cazatesoros. Es una zona de difícil acceso en la que no es difícil que ocurran incidentes. Koroscik relata que algunos de los visitantes, que caminan a lo largo de los estrechos corredores en la roca por los que circulan las vías del tren, ya han estado a punto de ser arrollados por la locomotora mientras se hacían un 'selfie'. Un hombre de 35 años hubo de ser trasladado a un hospital después de caer a una fosa cuando cavaba en el panteón de la familia Von Kramst.

La imagen que ha levantado tantas expectativas es una especie de radiografía que Koper y Richter obtuvieron con un georadar de gran penetración (GPR) y que sus abogados entregaron al Museo del Ejército junto a la petición de un 10% de todo lo que allí fuese encontrado. La fantasmal imagen fue publicada por el periódico Gazeta Wroclawska y ha inspirado numerosas investigaciones adicionales que han servido para localizar e incluso destapar túneles mineros y búnkeres subterráneos que no se utilizaban desde los tiempos de la guerra y en los que, por el momento, no hay ni rastro del tren.

Expertos rusos han sugerido que el contenido del tren podría contener la Cámara de Ámbar del palacio de Catalina la Grande, mientras que el Congreso Mundial Judío avisa de que todo objeto de valor que perteneciera a víctimas del Holocausto debe ser devuelto a las familias.

Ver más: http://www.elmundo.es/internacional/2015/10/04/56100c4a22601d7c028b4584.html

sábado, 3 de octubre de 2015

Dos siglos de basura: qué descartaban los porteños y cuál era la ruta de los residuos

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1833326-dos-siglos-de-basura-que-descartaban-los-portenos-y-cual-era-la-ruta-de-los-residuos


Ulises Camino, arqueólogo urbano, analiza objetos descartados en el ex corralón Vélez Sarsfield, en Floresta.Foto:Marcelo Gómez1914

El cordero, la vizcacha y el pavo eran algunos de los platos más saboreados en el siglo XIX en la ciudad de Buenos Aires. Servidos en loza inglesa y acompañados por aguas carbonatadas y cervezas que llegaban desde Alemania.

La basura cuenta mucho de las sociedades: qué se consumía, cómo se disponían los residuos y cuál era su relación con el ambiente. A pesar de los procesos para hacer desaparecer los desechos, la basura cuenta historias. "El 70% de la arqueología urbana son restos que fueron tirados intencionalmente. Son esos restos los que analizamos para ir reconstruyendo las sociedades del pasado", explica a LA NACION Ulises Camino, del Centro de Arqueología Urbana de la UBA-Conicet.


Problemas que se repiten
"A fines del siglo XIX, entre los huesos rescatados había un porcentaje mucho más alto de cordero de lo que hay en la actualidad. Es lógico: la provincia de Buenos Aires tenía 60 millones de cabeza de ganado ovino", explica el experto mientras acomoda restos que se hallaron en lo que fue el corralón Vélez Sarsfield, en Gaona y Segurola, en Floresta.

Allí, en estos sitios se guardaban los caballos y carros con los que se recogía la basura en la ciudad. Luego se la llevaba a los incineradores. "En 1911 la basura se depositaba en los incineradores centrales. Uno, en Zavaleta e Iriarte, era el más grande, conocido como "la Quema", en Barracas. En 1920, en el de Flores, y en 1930, en el de Chacarita. En un momento pensó en hacerse usinas eléctricas, pero el problema es que la basura de Buenos Aires siempre tenía mucha humedad", dice Camino mientras muestra la colección más importante de herraduras de caballos y percherones. Conserva 250 de diferentes tamaños.

Previo a ese momento, la disposición de la basura era algo más individual. "Entre fines del siglo XVII y mediados del siglo XVIII existía un sistema de recolección restringido a la zona céntrica, donde un empleado municipal entraba cada mañana en los zaguanes de las viviendas para retirar desechos depositados en recipientes de hojalata", cuenta María Semmartin, que dirigió la publicación de la Facultad de Agronomía Los Residuos Sólidos Urbanos, "Doscientos años de historia porteña".

La basura se depositaba en los huecos, unos espacios de los tiempos hispánicos habilitados por el Cabildo. "Muchos de esos huecos hoy son plazas, como Lavalle y Vicente López", cuenta la investigadora.

"Las heces de caballos son ahora de perros, los cirujas mutaron en cartoneros, pero el problema es, esencialmente, el mismo", agrega Semmartin.

Si bien la generación de basura se ha multiplicado conforme creció la población, lo que se descartaba per cápita no varió tanto: las primeras evaluaciones dan cuenta de que en 1890 cada persona generaba 1,1 kg de residuos, mientras que en la actualidad ese número oscila entre 1,2 y 1,5 kg por habitante, según datos relevados en el informe.


"La diferencia ahí está en la composición de la basura. A fines del siglo XIX, unas tres cuartas partes eran restos vegetales y animales, cenizas y polvo de barrido de las casas. El resto lo componían vidrios, telas y cascotes. Hoy, el plástico y los papeles y cartones de los envases son más livianos, pero representan una parte mucho más importante de los residuos", dice la investigadora.

Camino, que recupera los restos de residuos, coincide. "El vidrio, la loza y los desechos orgánicos son más pesados. Es interesante ver que en esa época se consumían más animales producto de la caza, como la vizcacha y la liebre. También gansos y pavos. Era mucho más frecuente que la gente los comprara", explica.

Buena parte de la arqueología urbana en la ciudad debe sus hallazgos a la basura. En una memoria municipal de 1922, Camino halló un dato: "Parte de las cenizas, escorias y restos calcinados producidos eran descargados en el predio; los restantes eran transportados a terrenos bajos de la ciudad y a terrenos particulares donde sus dueños lo solicitaran, a cambio de una paga mínima".

"Es que la ceniza que se generaba en las quemas muchas veces era usada como relleno. En este corralón [por Vélez Sarsfield], por ejemplo, que está elevado 5 metros, se utilizó ese material. Por eso fue que nos llamaron cuando comenzaron con la obra de la escuela para la excavación arqueológica. Siempre quedan restos porque el fuego no destruye todo. Y ahí es donde intervenimos nosotros", agrega Camino. Y explica que el terraplén se levantó allí para evitar que el arroyo Maldonado acabara con las caballerizas.

Este proceso culminó en la década del 70, cuando se terminaron las quemas y también las recolecciones domiciliarias y colectivas. Se eligió el relleno sanitario como método de disposición final de la basura. En 2015 los últimos rellenos que siguen abiertos en la provincia de Buenos Aires están casi al límite. Lo insólito: todavía no se resolvió cuál será el sistema para procesar los desperdicios del distrito en un futuro no tan lejano.

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miércoles, 9 de septiembre de 2015

Sorpresas de los glaciares: muertos, joyas, fósiles y hasta un avión

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1826430-fosiles-muertos-joyas-y-hasta-un-avion-las-sorpresas-que-depara-el-derretimiento-de-los-glaciares



Cuando los escaladores se pierden, pueden pasar décadas hasta que se encuentran sus restos en medio del hielo y la nieve de la montaña. Pero con el aumento global de las temperaturas las superficies heladas se están reduciendo, y esto trae nuevas esperanzas para las familias de los muertos que no han tenido la posibilidad de poner fin a su duelo.

"Siempre estoy buscando cosas, colores que no pertenecen a la naturaleza, y con mucha frecuencias las ves: crampones, mochilas...", dice Gerold Biner, piloto de rescate en los Alpes.

"La cara oriental del Matterhorn está cubierta de cosas. Siempre digo que se podría abrir una tienda para montañistas con todo lo que hay allí".

Sin embargo hace dos años, Biner notó algo diferente al pie del glaciar.

Era el cuerpo de montañista británico Jonathan Conville, desaparecido en 1979, que había quedado expuesto después de que el hielo se transformara en agua.

Durante los 34 años que siguieron al accidente, su cuerpo fue deslizándose gradualmente hacia abajo, en el interior del glaciar.

En septiembre del año pasado -el mes en que la capa de hielo es más pequeña tras el fin del verano- fueron hallados otros dos cuerpos: el de los japoneses Masayuki Kobaysahi y Michio Oikawa, ambos desaparecidos tras una tormenta de nieve en 1970.

Tesoros escondidos
En 2014 se recuperaron también muchas otras cosas de los Alpes: desde los restos de un bombardeo estadounidense de la II Guerra Mundial hasta un botín de esmeraldas, rubíes y zafiros de un vuelo de Air India que se estrelló en el Mont Blanc en 1966.

Pero en las últimas dos décadas, los glaciares están retrocediendo mucho más rápido, explica Martin Grosjean, especialista en glaciares del Instituto Oeschger de la Universidad de Berne, en Suiza.

Incluso el hielo que se ha mantenido intacto por miles de años, ha comenzado a derretirse, dando lugar a una nueva disciplina: la arqueología glaciar.

Además de a Oetzi, el hombre momificado de 3.000 años de antigüedad hallado en la frontera entre Italia y Austria en 1991, se han encontrado utensilios del hogar y ropa de más de 5.000 años en las montañas al sur de Berne, que arrojaron luz sobre una civilización alpina de la Edad de Bronce que resultó ser mucho más sofisticada de lo que se pensaba.

Cientos de clavos de zapatos romanos también fueron hallados en el hielo.

¿Esfuerzos válidos?
A la luz de estos hallazgos, ¿no debería entonces hacerse un esfuerzo, sobre todo en septiembre, por buscar a los montañistas que se perdieron y cuyos cuerpos nunca fueron encontrados?

La ausencia de un cuerpo para llorar hace más difícil aceptar que un ser querido ya no va a regresar.

El problema, es que "los glaciares avanzan y retroceden naturalmente", dice Grosjean. "Arriba hace frío y cae nieve. Abajo, el hielo se derrite. Los glaciares se deslizan naturalmente hacia abajo, lo que significa que todo cae en una grieta... y más tarde aparece en la parte más baja del glaciar".

El tiempo que demora algo atrapado en un glaciar de los Alpes en expulsar algo es entre 20 y 50 años, aunque puede tomar 100.

Cuando los arqueólogos glaciares recuperan cuerpos o artefactos de la montaña, esto ocurre generalmente en áreas en las que el hielo no se está moviendo porque el suelo no tiene mucha pendiente o porque el bloque de hielo no es lo suficientemente grande y pesado. Aunque siempre hay excepciones.

Según explica Martin Callanan, investigador de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, la situación no es tan sencilla.

"El mundo helado aquí arriba es terriblemente complejo -tan complejo como la masa de tierra que está debajo con sus bordes, zanjas y fisuras. Simplemente no sabemos dónde y cuándo pueden llegar a aparecer restos helados antiguos".

A medida que avanza el deshielo, los cuerpos de los montañistas perdidos, dice, pueden surgir de zonas de un glaciar en movimiento que por alguna razón permanecieron estáticas.

Biner no cree que sea una buena idea buscar sistemáticamente a los escaladores desaparecidos hace años. Katrina Taee, hermana de Jonathan Conville, tampoco.

"Al principio claro que estás desesperado por encontrarlos vivos", dice.

"Pero sabes que cada vez que alguien sube al Matterhorn hay muchos riesgos. Personalmente, no querría que nadie se pusiera en una situación de riesgo por mi hermano.

"¿Para qué arriesgar una vida por alguien que murió hace mucho tiempo?", se pregunta, a modo de conclusión.

Por Imogen Foulkes

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