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lunes, 9 de noviembre de 2015

El regreso de los guacamayos a los cielos de Corrientes

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1843732-vuelos-de-libertad-el-regreso-de-los-guacamayos-a-los-cielos-de-corrientes

ITUZAINGÓ, Corrientes.- Eran las 15 de una jornada agobiante cuando más de un centenar de personas reunidas en el camping de Monterrey, un área de pastizales con islas de montes, ensayó un silencio ritual. Observaban la apertura sigilosa de una puerta lateral de un jaulón, donde desde hacía un mes se aclimataban siete guacamayos rojos. Criados en cautiverio, estaban a punto de ser liberados en el portal Cambyretá, el acceso norte a los esteros del Iberá. Con esa simple acción, Corrientes se convirtió en la primera provincia argentina en reintroducir una especie extinta en el país desde hacía 200 años.

Sucedió gracias a una sinergia entre el Conicet, centros de recuperación de fauna y zoos del país, el estado provincial y la ONG Conservation Land Trust (CLT), que, junto al aporte de un donante noruego, crearon una red de cría ex situ de guacamayos rojos (Ara chloropterus). Los primeros ejemplares, monitoreados por radiocollar, pueblan ya los bañados correntinos, mientras que otros seis esperan su turno de liberación. Esa red abastecerá a razón de diez aves por año en un inédito programa de reintroducción, trazado a cuatro años, para consolidar una población estable de esos pájaros perseguidos y exterminados en el país.

"Para cualquiera involucrado en la conservación de la biodiversidad en el mundo, éste es un momento histórico e inaugural", dijo Gustavo Costa, presidente de Aves Argentinas.

Los guacamayos rojos, así llamados aunque en su plumaje combinan también el verde y el azul, se extinguieron en el país por varias causas: los pueblos originarios los cazaban para utilizar su plumaje y consumir su carne, los europeos los traficaron de forma indiscriminada y los locales continuaron con su extracción hasta diezmar la especie, que hoy sólo sobrevive en la Amazonia y en el pantanal brasileño.

 Rojo, azul y verde: un espectáculo impar en el cielo correntino. Foto: LA NACION / Santiago Hafford 


Provenientes del zoo de La Plata y del centro de fauna Aguará, en Paso de la Patria, la bandada ya se había cohesionado como grupo y consolidado en sus lazos afectivos, forma excluyente para la supervivencia en su hábitat. Luego de la cuarentena de rigor, trasladados de distintos puntos del país, fueron reeducados en una nueva dieta de frutos del monte y semillas. Sólo restaba poder controlar sus comportamientos ante "un suceso traumático" y paradojal como era pasar del cautiverio a la libertad. Nunca habían desplegado sus alas más allá de los cuatro metros, la altura que les permitía su recinto.

Cuando la roldana finalmente abrió la puerta lateral se escucharon estruendosos graznidos y las vocalizaciones de su lenguaje cifrado. Cautelosos o desconfiados, demoraron unos 20 minutos hasta que la primera pareja, en un vuelo desaforado y sincrónico, abandonó para siempre su encierro. Otra los siguió minutos después. Y una tercera, aunque esta vez conformada por dos machos.

  Siete guacamayos rojos fueron reintroducidos en los Esteros del Iberá. Foto: LA NACION / Santiago Hafford

Más especies
Según el doctor Igor Berkunsky, ornitólogo, especialista en biología de la conserv
ación del Conicet y líder del proyecto, esta primera liberación apunta a recomponer el ecosistema con las especies faltantes. "Y las grandes aves del Iberá -explicó-, como el guacamayo rojo o el muitú, que esperamos poder reintroducir también el año próximo, cumplen un rol clave en la salud ambiental: al ser frugívoros (alimentarse de frutos), dispersan las semillas y son regeneradores de bosques. Su presencia tiene efecto cascada, ya que al estimular la biodiversidad también aumentan los recursos para otras especies."


Adrián Di Giacomo, biólogo del Conicet, indicó que hubo que enfrentar varios desafíos. "Una vez que se conformó el grupo y se eligieron entre ellos como parejas reproductivas, se los fue habituando a la nueva dieta y se los estimuló para entrenarlos en el vuelo."

Ignacio Jiménez, biólogo de CLT, fue quien participó de la reintroducción del oso hormiguero, el venado de las pampas y el pecarí de collar, y su objetivo continúa siendo ambicioso: reconstruir toda la antigua cadena trófica de ese ecosistema. "En CLT nos llena de orgullo traer de vuelta al país una especie que se fue. Significa ingresar en las ligas mayores de la conservación", enumeró. Así, con un acompañamiento silencioso recortado sobre los graznidos de las aves, los guacamayos volvieron a teñir de rojo el cielo correntino 200 años después.

Parejas, elecciones y algo más
Son tres hembras y cuatro machos, ejemplares juveniles que se acercan a su edad reproductiva y en ellos se posan las esperanzas para recuperar una especie que se fue. Ajenos a la expectativa que generan, Azul, Èrica y Leña y Cristo, Athos, Porthos y Nioki, tal sus nombres y marcas en su plumaje que, impuestas en negro por los biólogos, les permiten distinguirlos y estudiarlos, cada uno exhibe una personalidad diferencial. "De entrada, Azul se entronizó como reina del grupo. Además de comer siempre primero, le robó el novio a Èrica, y convirtió a Cristo en su compañero. Ahora, Azul lo acicala y alimenta con su pico pero éste, cuando ella se distrae, le pasa subrepticiamente el alimento a su antigua novia", describe el cuidador de la bandada Leandro Vásquez. Todo era incertidumbre antes su liberación. Nadie arriesgaba cómo sería el comportamiento de esos psitácidos en su primer instante de liberad. Y el cuadro se complejizaba ante la certeza de otras dos parejas: una reproductiva, conformada por Nioki y Leña y otra por afinidad, la de Athos y Porthos, dos machos de conducta aparentemente homosexual. Aunque nadie podía asegurar que esa elección mutua persistiría. "Tal vez es falta de madurez", decían por ahí. Pero las apuestas las concitaba la líder. Todo hacía suponer que la más dominante, Azul, sería la primera en abandonar la jaula. 

Pero sucedió al revés. Fue la última en hacerlo, luego de que su fugaz compañero, Cristo, eligiera en ese paso crucial a su antigua pareja, Erica. Abandonaron la jaula emparejados, a una velocidad de huida, que hasta costó seguirlos con la mirada en lo alto del cielo. Los graznidos retumbaron ensordecedores y parecieron arengar al resto en el vuelo hacia la libertad. Unos diez minutos después, los siguieron Nioki y Leña. Luego, Athos y Pathos, mientras la líder, Azul, permanecía sola en su reino: el aviario. Como en la vida humana, "el orden jerárquico dentro de la jaula no necesariamente se replica en un ámbito de libertad", explicó Berkunsky. "Ahora habrá que estudiarlos para saber cuál será su comportamiento, qué distancias serán capaces de unir, qué grado de autonomía desplegarán y si no habrá un nuevo cambio de parejas", agregó. Esta novela de alto vuelo continuará en Iberá.

Ver más en: http://www.lanacion.com.ar/1843732-vuelos-de-libertad-el-regreso-de-los-guacamayos-a-los-cielos-de-corrientes

jueves, 24 de septiembre de 2015

Arquélogos de la informática: el trabajo de preservar la historia de las computadoras y los dispositivos electrónicos



Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1829225-arquelogos-de-la-informatica-el-trabajo-de-preservar-la-historia-de-las-computadoras-y-dispositivos-electronicos


IBM PC: el modelo 5150 fue el primero que inició la era de las actuales computadoras personales. Foto: Gentileza Museo de Informática
Hoy es un trabajo de archivo. Y a contrarreloj. Porque no quieren que esas reliquias tecnológicas, esas piezas antiguas de software y hardware queden en la calle.
Por el momento, su lugar es la baulera de un edificio del microcentro porteño, donde los estantes metálicos están atiborrados de cajas. Ahí, en una de las esquinas de ese depósito, se puede ver un pequeño banco de trabajo. Hay una lupa, soldadores, destornilladores y herramientas de precisión, junto a decenas de organizadores con tornillos, cables y diversas piezas y repuestos. Están listos para ser utilizadas en la tarea de restauración y puesta a punto de computadoras, consolas de videojuegos, celulares y unidades de almacenamiento, entre muchos otros equipos.

A simple vista, nada parece ser diferente de cualquier otro laboratorio especializado en reparaciones de dispositivos electrónicos. Pero en este espacio, técnicos y restauradores ponen a punto las más de 10.000 piezas de hardware y software del Museo de Informática, un proyecto que tiene su colección permanente, pero sólo hace muestras eventuales.
Cartuchos de antiguos equipos de videojuegos (objetos que ya fueron exhibidos) y teclados amarillentos por el paso del tiempo lograron trascender la vertiginosa carrera por la innovación: son hitos que marcaron el camino para llegar a las actuales notebooks, smartphones, tabletas, programas y aplicaciones que se utilizan de forma cotidiana.
"Todo el testimonio histórico de este y tantos otros equipos queda reducido a un trabajo de archivo. Estamos trabajando contrarreloj, tenemos un año más de contrato para nuestra oficina y depósito. Hemos establecido diferentes propuestas para que todo este archivo no quede en la calle, pero aún no tuvimos respuesta", cuentan Carlos y Alicia Chiodini.

Reliquias para las nuevas generaciones
Luego
de archivar y clasificar equipos durante décadas para construir este formidable catálogo, ellos decidieron transformar en 2010 esta pasión por la informática en la Fundación ICATEC. La idea consiste en un espacio que esté disponible para que las generaciones que hoy trabajan en una computadora con Windows, usan un iPhone o juegan con una PlayStation tengan la oportunidad de descubrir cuál fue la primera PC, o cuáles fueron los equipos que llevaron al éxito a Apple en los primeros años liderados por Steve Jobs y Steve Wozniak.


"Si hablamos de las piezas de dimensiones relativamente pequeñas, entre los equipos más emblemáticos y presentes en las muestras del Museo de Informática están la IBM PC 5150, de 1981 o Apple Lisa", cuenta Chiodini. "A pesar del poco espacio, también tenemos los monstruos como la IBM 360, la IBM 370 y la 390, junto a videojuegos como el Pong de la Odissey y los primeros modelos de consola de Atari", dice.

Las donaciones que recibe este museo son, en su mayoría, de particulares. Y cada uno de esos aportes va moldeando el catálogo, le va dando su propia personalidad. La colección ya participó en dos ediciones de la Noche de los Museos, y en diferentes muestras temáticas como "Hecho en la Argentina", una recorrida histórica por equipos que dejaron su marca en una incipiente industria nacional de fabricación de computadoras, con marcas como Czewerny, Cifra o Drean Commodore, entre otras.

Restauradores entre circuitos y gabinetes
La puesta a punto de los accesorios, equipos y soportes informáticos presenta desafíos inéditos para la conservación de los equipos. "Ante la falta de repuestos o piezas, la tarea de puesta a punto de las donaciones que recibimos también implica un viaje al pasado en las diversas técnicas de reparación de equipos informáticos", explica Carlos Chávez, uno de los voluntarios que ofrece horas de su trabajo para revivir equipos que tuvieron su momento de fama en el mercado, pero que luego quedaron rezagados en el olvido en medio de los vertiginosos avances tecnológicos.

Sofía Rojas, estudiante de la Universidad del Museo Social Argentino, realiza sus práctica de conservación de bienes culturales en el depósito del Museo de Informática. "Se desarman por completo, se analizan las partes que aún tienen una carga para evitar accidentes y se exponen las piezas a radiación ultravioleta", explica.

"Hay ciertas particularidades en este proceso. Por ejemplo, en equipos muy antiguos debemos tener cuidado con las inscripciones serigráficas, mientras que en otros casos, una limpieza profunda de remoción de grasitud y polvo basta para que una computadora o teclado vuelva a funcionar, sin mayor intervención en sus circuitos electrónicos", agrega.

Un depósito sin exhibiciones
Si bien existen diversas muestras privadas con iniciativas similares, Chiodini remarca la diferencia que tiene el Museo de Informática respecto a colecciones privadas o los espacios académicos o de ciencias que disponen de un espacio para los equipos informáticos históricos. "Los museos pueden ser públicos o privados y su función primordial es rescatar, preservar y exhibir de manera didáctica los objetos como parte de la cultura. En nuestro caso, somos un espacio especializado en ese tema, y son sólo cinco de este tipo en todo el mundo", dice.

A pesar de sus apariciones públicas destacadas, con una gran convocatoria en la muestra Play The Game en el espacio Fundación Telefónica, que estuvo abierta hasta fines de mayo pasado, o en las ediciones de La Noche de los Museos, aún padece la falta de un espacio que le permita contar con una muestra permanente, y muchos pedidos de visitas o invitaciones a exposiciones están limitados a las posibilidades de logística que disponen los voluntarios.

Mientras tanto, los trabajos de restauración y acondicionamiento continúan en el depósito. Ahí se ve una réplica de la Altair 8800, la computadora que marcó a fuego, en 1975, los inicios de una pequeña empresa fundada por Bill Gates llamada por entonces Micro-Soft. Del otro lado, otro equipo contemporáneo luce el trazo de un marcador indeleble por encima del plástico restaurado: es la firma de Steve Wozniak que, tras su paso por la Argentina, le dejó su estampa en la emblemática Apple II, uno de los primeros equipos que marcaron el inicio de la computación personal.

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