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domingo, 17 de julio de 2016

El paraíso en el que está prohibido vivir


Fuente: http://www.clarin.com/viva/paraiso-prohibido-vivir_0_1613838737.html

Un atolón es una maravilla de la geología y de la naturaleza: es un anillo formado por arrecifes coralinos, que emergió alrededor de una isla volcánica que –a su vez– se fue hundiendo en el mar. Un proceso fantástico, casi dialéctico, que necesitó de 30 millones de años para poder adquirir su fisonomía. Pero alguien en una poltrona en Washington decidió que un atolón apenas poblado en el Pacífico Sur era lo más lejos que podía pensarse en el mundo. Y, por lo tanto, ideal para realizar ensayos nucleares. La formación en cuestión se llama Bikini. Es como un círculo de islas de arenas blancas, rodeada por agua clara: una postal divina para un lugar de vacaciones. Pero el año era 1946. La Segunda Guerra Mundial acababa de terminar, justamente con dos bombazos en Hiroshima y Nagasaki. La guerra fría empezaba a calentarse, y la búsqueda por obtener el arma de mayor poder de destrucción de la historia había empezado. Fue una carrera infernal y dolorosa. O al menos así lo sintieron en carne propia los habitantes de este lugar que es bello hasta el infinito.

Lo que selló el destino de Bikini fue una orden de Harry Truman, el entonces presidente de los Estados Unidos, quien también había ordenado el ataque nuclear a Japón. Quería ver qué le pasaría a la flota norteamericana si fuera atacada por un arma de este tipo. El atolón efectivamente quedaba fuera de las rutas aéreas y marítimas que se transitaban entonces. Les pareció un lugar perfecto para el plan. Entonces, en febrero de 1946, el comodoro Ben H. Wyatt viajó al lugar y participó de una reunión con los 147 isleños. Ellos estaban confundidos. ¿Una bomba nuclear? ¿Qué sería? El militar les aseguró a los pobladores que esto era bueno “para la humanidad y para terminar con todas las guerras”. Y el rey local, Juda, después de algunas deliberaciones, respondió: “Nos iremos creyendo que todo está en las manos de Dios”.

Por su puesto, que a la gente se le aseguró que podrían regresar a las islas una vez concluido el test. Los habitantes de Bikini dejaron sus casas a voluntad y ordenadamente, bajo la promesa de que el territorio –que los había albergado por miles de años– no sufriría ninguna consecuencia. Fueron trasladados primero a una isla (donde los cocoteros no producían suficiente fruta y donde no había pescado en cantidad para comer), luego a otra, con algunos alimentos, que resultaron ser claramente insuficientes y que los puso al borde de la completa inanición. Y luego, los tuvieron llevando de isla en isla: inhumano.

En la laguna que queda en el centro del atolón se colocaron viejos barcos de guerra y de toda clase, siguiendo la orden de Truman. En total, 242 embarcaciones. Y también algunos animales, como cabras, chanchos y ratas. Querían ver cómo resistirían las explosiones.
Las primeras detonaciones fueron del tamaño de Hiroshima y Nagasaki. La operación se llamó Crossroads (Encrucijada). La bomba número uno se lanzó el 1 de julio de 1946 desde un avión y destruyó cinco barcos. La segunda, se realizó desde un submarino, y consiguió hundir otros ocho. Pero la radiación que siguió a estos dos ensayos fue tan alta que ningún barco se pudo volver a usar otra vez y hubo que hundirlos. Por la explosión se levantaron columnas infernales de agua de 70 metros, mientras que se produjeron gigantescas nubes. Luego, el rey Juda fue llevado de visita a Bikini. No se dio cuenta de nada. Tampoco nadie le contó del fantasma asesino e invisible de la radiación.

Los ensayos que siguieron fueron mucho más poderosos. En total fueron 23 detonaciones. La más fuerte de todas fue realizada en 1954, bajo el nombre codificado Operación Castle Bravo. Fue una bomba de hidrógeno de 15 megatones, lo que representa mil veces el poder destructivo de las explosiones de Japón. El ensayo más terrible que se hubiera realizado jamás. Aún da miedo pensarlo: fulminó directamente tres islas.

La bomba de Castle Bravo tuvo un poder destructivo mucho mayor al esperado. La contaminación radioactiva no tardó en expandirse a las islas cercanas, a un barco japonés que estaba pescando en la zona, y a las propias tropas de los Estados Unidos, que estaban allí para participar de todo el operativo. El manto nuclear cubrió un área de 11 mil kilómetros cuadrados. La vida nunca fue igual para los que estuvieron expuestos al fenómeno, provocando distintos tipos de cáncer (tiroides, colon, estómago y sangre).

Esta bomba había sido apodada “el camarón”. Era una cápsula de 4,5 metros de largo, que contenía una mezcla de un combustible de hidruro de litio enriquecido, y una varilla de plutonio que haría de detonador. Como el hidruro de litio-6 era demasiado costoso, se mezcló con un 60% del hidruro de litio-7, dentro de un envase de uranio. Una bomba de fisión atómica tenía como misión desencadenar la potente reacción.

La indignación por esta prueba fue tan grande, que eventualmente condujo a la firma del tratado de Prohibición Completa de Explosiones Nucleares. En YouTube se encuentran las imágenes de esa detonación feroz: el cielo convirtiéndose en un enorme hongo naranja y amarillo, que todo lo devora.

Los habitantes de Bikini nunca pudieron volver. Un nuevo estudio publicado en la revista Proceedngs of the National Academy of Sciences, de Estados Unidos, confirma que los niveles de radiación son aún demasiado altos para la vida. Por eso el atolón todavía continúa inhabitado. La laguna se convirtió en un cementerio de barcos de la Segunda Guerra Mundial, que atrae a fanáticos de la historia y a buzos, ya que es un sitio extraño y único. A la radioactividad se le suma la contaminación de petróleo: los barcos empezaron a soltar el crudo que llevaban en sus entrañas, liberando así al ambiente más elementos extraños.

Bikini ha sido declarado patrimonio mundial de la humanidad en 2010, pero la barbarie quedó inscripta en sus aguas y arena. Sus antiguos pobladores llegaron a un acuerdo con el gobierno de los Estados Unidos por el cual les pagaron una indemnización nimia a cambio de que no le hicieran juicio por daños.

Ahora, además, Bikini y el resto de las islas del Pacífico enfrentan un nuevo peligro, tan real como el atómico. El aumento de la temperatura planetaria las pone en peligro de desaparecer. La acidificación del mar, como producto de la mayor concentración de dióxido de carbono en el agua, fulmina directamente a los corales, que son como especies de bosques sumergidos, donde proliferan gran cantidad de especies. Y el aumento del nivel del mar se va tragando de a poco estos territorios frágiles, llenos de cocoteros y manglares.

Bikini es uno de los 29 atolones que forma parte de la República de las Islas Marshall, donde sus habitantes viven acuciados por una nueva migración en ciernes. Tony De Brum, ex ministro de relaciones exteriores, suele postear en Twitter las imágenes de esta nueva tragedia que está en desarrollo: un barco metido prácticamente en el living de su casa. El agua avanza.

Ver más en: http://www.clarin.com/viva/paraiso-prohibido-vivir_0_1613838737.html







martes, 1 de septiembre de 2015

Buscó el tren nazi durante más de 60 años y ahora cuenta su aventura

Fuente: http://www.clarin.com/mundo/Tadeusz_Slowikowski-busco-tren-nazi-cuenta-historia_0_1423057877.html

 Hace más de 60 años que está detrás de los pasos del tren fantasma nazi; un tesoro convertido que una leyenda según la cual, contiene más de 383 millones de dólares en oro que vendrían directamente de la célebre Cámara Ámbar del zar de Rusia, una habitación real decorada en metales preciosos y joyas, saqueada por los nazis. Tadeusz Slowikowski, hoy de 85 años, juró a sus 20 años que daría con el botín.

Slowikowski perdió a su madre en Asuchwitz y encontrar el tren nazi se convirtió además en una cruzada personal.

Slowikowski escuchó por primera vez hablar del tren en 1950. Viviendo en Walbrzych, Polonia, estudió y se aprendió hasta el último documento e historia de la formación fantasma hasta convertirse en su máximo experto. Hoy se sabe que el tren existe, dos hombres lo encontraron. Está bajo tierra en algún punto de la enrevesada red de túneles que los prisioneros de los campos de concentración construyeron en Polonia para los nazis.



Slowikowski sabía de la existencia del túnel pero nunca lo pudo hallar. No lo dejaron.
"Supe del túnel después de salvar a un alemán llamado Schulz. Lo salvé de dos tipos que lo atacaban. Como gratitud por salvarlo, me contó acerca del túnel", le dijo al Daily Mail.

Ese túnel había sido descubierto por otro alemán que trabajaba en las vías y que vivía en Walbrzych, desués de la Segunda Guerra. "El vio dos rieles camino al túnel. El túnel estaba bloqueado poco después", agregó Slowikowksi.


Ese antiguo trabajador de ferrocarril alemán tuvo miedo y prefirió guardar para sí el secreto, sin saber qué se ocultaba dentro de ese hueco oscuro. Su instinto de supervivencia fue mayor y se quedó callado durante años. No quería que le ocurriera lo mismo que a una familia, encontrada muerta. Vivían en una casa desde donde se podía ver todo. Y los mataron.
"Desde la ventana más alta podías ver todo llegando y saliendo por la línea de vías. El 5 de mayo de 1945 la familia que vivía allí fue ejecutada y la casa demolida. Fue tres días antes de que los soviéticos tomaran el pueblo", recordó Slowikowski. "Quien los haya matado no quería que ellos hablaran de algo que hubieran visto. No hay nada allí ahora. Sólo un lugar vacío donde solía estar la casa. Nada fue construido allí desde entonces".


La leyenda local habla además del paso de vagones de trenes absolutamente armados con cañones y ametralladoras. Y la historia dice que además de armas, allí estaba el oro robado a las víctimas del Holocausto.

Recién en 2003 se le permitió a Slowikowski explorar el área para determinar si efectivamente existía esa formación fantasma.Pero el peligro seguía allí.

“Tan pronto como empezamos, tres hombres de civil y con armas de fuego se acercaron a nosotros y nos amenazaron, diciéndonos que nos detuviéramos. No supe quiénes eran, pero tuve sospechas”, recordó. “Poco tiempo después, mi perro fue envenenado. Luego rompieron la puerta de casa y mi teléfono fue intervenido. Eran tácticas clásicas de la policía secreta cuando buscaban intimidar a la gente”.

Slowikowski muestra un mapa y una maqueta, en los cuales "recrea" lo que considera que sucedió en mayo de 1945. Dos líneas de vías corren paralelas entre dos colinas. De una de ellas se desprende otra camino al túnel secreto. Esas vías ya no existen. El Gobierno polaco tomó nota y ahora militarizará la zona para evitar que se pierdan pruebas del hallazgo, "confirmado", pero aún no rescatado. Roman Szelemej, alcalde de Walbrzych, expresó: "Walbrzych y Silesia Baja están llenas de secretos". Informó además que el área será custodiada por presencia militar.

Pero el hallazgo aún está lejos de poner fin a la historia. Según Slowikowski, el tren habría sido ocultado en una de las tantas minas que figuran en los mapas de la época y que guardan en su interior cientos de secretos, pero también algo mortal: trampas de explosivos.
Para Magdalena Woch, directora del castillo donde funcionaron los cuarteles generales de los nazis en esa zona polaca, "es posible que haya más trenes en Walbrzych".

Y no todo sería oro. El o los trenes podrían tener también valiosísimas obras de arte de las cuales no se tienen noticias desde 1945. E incluso planes secretos de los nazis, lo cual podría arrojar más luz sobre una de las etapas más oscuras de la historia.

 Ver más en: http://www.clarin.com/mundo/Tadeusz_Slowikowski-busco-tren-nazi-cuenta-historia_0_1423057877.html

lunes, 10 de agosto de 2015

¿Por qué Hiroshima y Nagasaki están habitadas y Chernóbil no?

Fuente: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/08/150807_hiroshima_nagasaki_chernobil_habitantes_men

Hace 70 años las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki fueron blanco de dos bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos que causaron enorme devastación y destrucción.

En Hiroshima vivían unas 350.000 personas. Se calcula que la bomba que cayó el 6 de agosto de 1945 mató a unas 80.000 personas.

Casi 80% de los edificios fueron destruidos o quedaron severamente dañados.

Todavía se disputa cuál fue el número total de muertos en la ciudad, debido a las heridas sufridas en la explosión o a los efectos de la radiación, pero la cifra varía entre 90.000 y 166.000.

Hoy habitan en la ciudad 1.174.000 personas.

En Nagasaki, el día de la explosión nuclear, el 9 de agosto de 1945, vivían en la ciudad 263.000 personas.

En menos de un segundo tras la detonación, el norte de la ciudad quedó destruido y se calcula que entre 39.000 y 80.000 personas murieron.

Hoy viven en esa ciudad unas 450.000 personas.

El peor desastre
Ahora adelantémonos en el tiempo 41 años. En la madrugada del 26 de abril de 1986 ocurrió el que ha sido calificado como el peor desastre nuclear de la historia.

Uno de los cuatro reactores de la planta de Chernóbil, en Ucrania, que entonces formaba parte de la Unión Soviética, explotó y causó un incendio que liberó enormes cantidades de partículas radioactivas a la atmósfera.

Como consecuencia directa del accidente murieron 31 personas. Pero aún continúan investigándose los efectos a largo plazo de la radiación, como el cáncer entre generaciones.

Tras el accidente fue decretada una Zona de Exclusión de 30 kilómetros alrededor de la planta nuclear, la cual cubre un área de aproximadamente 2.600 km2 en Ucrania donde aún hay restos de contaminación radioactiva y donde el acceso está restringido.
Reconstrucción y exclusión

¿Cómo fue posible que Hiroshima y Nagasaki, que sufrieron explosiones nucleares tan devastadoras y enorme pérdida de vidas, son ahora ciudades prósperas y habitadas, mientras Chernóbil es un lugar deshabitado y seguirá así quizás por miles de años?

La página de noticias Gizmodo, especializada en tecnología, es uno de los pocos medios que se ha hecho esta pregunta.

BBC Mundo reproduce las tres razones principales.

. Cantidad de combustible nuclear

 
La bomba Little Boy (que cayó en Hiroshima) transportaba 63 kilogramos de uranio enriquecido. Fat Man (la bomba de Nagasaki) contenía unos 6,2 kilos de plutonio.

El reactor número cuatro de Chernóbil tenía unas 180 toneladas de combustible nuclear del que 2% (3.600 kilos) era uranio puro.

Cuando explotó el reactor se calcula que se liberaron siete toneladas de combustible nuclear. En total el desastre emitió 100 veces más radiación que las bombas que cayeron sobre Nagasaki e Hiroshima.

. Diferencias en la reacción nuclear

En la bomba de Hiroshima, sólo hizo reacción cerca de 0,90 kg de uranio. De igual forma, sólo 0,90 kg del plutonio fue sometido a una fisión nuclear en Nagasaki.

En Chernóbil, sin embargo, unas siete toneladas de combustible nuclear -con enormes cantidades de partículas radioactivas- escaparon a la atmósfera.

Cuando se fundió el combustible nuclear, se liberaron isótopos radioactivos que incluían xenón, yodo radioactivo y cesio.

. Ubicación

Las dos bombas de Hiroshima y Nagasaki fueron detonadas en el aire, a cientos de metros sobre la superficie de la Tierra.

Como resultado, los depósitos radioactivos se dispersaron por el efecto de la nube creada por la explosión.

En Chernóbil, sin embargo, cuando se fundió el reactor cuatro en la superficie, se produjo una activación de neutrones que provocó que la tierra se volviera radioactiva.

La página Physics Stack Exchange (un sitio de intercambio de conocimientos para investigadores, académicos y estudiantes de física) tiene otra explicación.

"Aunque funcionan sobre la base de los mismos principios, la detonación de una bomba atómica y el colapso de una planta nuclear son procesos muy diferentes", explica una entrada.

Una bomba atómica -agrega- está basada en la idea de liberar la mayor energía posible de la reacción de una fisión nuclear en el menor tiempo posible. Hoy viven en Hiroshima 1 millón 174 mil personas.

La idea es crear el mayor daño y devastación posible para anular a las fuerzas enemigas.

Así, los isótopos radioactivos que se crean en una explosión atómica tienen un período de vida relativamente corto.

Pero como un reactor nuclear está diseñado para producir energía de un proceso de reacción lento y sostenido, esto resulta en la creación de materiales de desechos nucleares que tienen una vida relativamente larga.

O sea, la radiación inicial de un accidente nuclear puede ser mucho más baja que la de una bomba, pero su tiempo de vida será mucho más largo.

Se calcula que pasarán miles de años, se ha hablado de 20.000, para que la zona de exclusión de Chernóbil vuelva a ser habitable.


 


Ver  más en: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/08/150807_hiroshima_nagasaki_chernobil_habitantes_men