Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1811492-robots-vs-humanos-la-pelea-que-viene-en-el-mundo-laboral
La comedia es igual a tragedia más tiempo", decía el
personaje interpretado por Alan Alda en Crímenes y pecados, la película
de Woody Allen. Días atrás, la hipótesis se cumplió a rajatabla con la
muerte de un operario en una planta de la automotriz Volkswagen, en
Alemania, por el accionar defectuoso de un robot. Una noticia trágica,
que provocó centenares de chistes en Twitter horas después, cuando se
viralizó que una de las periodistas que la difundió era Sarah 0'Connor,
del Financial Times, con nombre casi igual al de la protagonista de la
famosa película Terminator -estrenada en 1984 y protagonizada por Arnold Schwarzenegger), Sarah Connor.
La película narra un futuro terrorífico, en el que las máquinas se adueñaron del planeta
y buscan extinguir a la raza humana. "[Sarah O'Connor] estuvo toda su
vida esperando a escribir esta nota", se burló un tuitero, entre miles
que le sacaron el cuero a la periodista.
Noticias de este tipo
comenzaron a aparecer en 2015 con mayor frecuencia. En marzo, una
ciudadana coreana se despertó de la siesta cuando un robot-aspiradora le
estaba comiendo el pelo. Y a fines de abril, un robot fue "preso" en
Suiza luego de comprar pastillas de éxtasis por Internet.
¿Novedades
de países del Primer Mundo, alejadas de la realidad argentina? No
tanto. El 20 de junio pasado, los operarios de la Línea C de subte
hicieron un paro sorpresa en protesta contra la implementación de
máquinas expendedoras de boletos. Intentan evitar que los reemplacen
autómatas.
Y dos semanas atrás, hubo un grave accidente en la
planta de una empresa siderúrgica de las grandes: un operario perdió una
pierna en una línea de producción que fue automatizada recientemente.
No
podía ser de otra manera: la discusión por las derivaciones del avance
de la tecnología y de la inteligencia artificial en el mundo del trabajo
está que arde entre los economistas.
En un debate que mantuvieron
en la Universidad de Buenos Aires (UBA), los economistas Daniel Heymann
(director del Instituto Interdisciplinario de Economía Política) y
Lucas Llach (profesor de la Universidad Torcuato Di Tella y candidato a
vicepresidente de la UCR) mostraron posturas contrapuestas. Heymann,
preocupado por un futuro de alto desempleo. Llach, con una visión más
optimista, resaltó que la incorporación de máquinas sube la
productividad, pero no afecta tanto al empleo como postulan algunos.
El
tercer participante del debate de la UBA, el físico ruso Andrei
Vazhnov, destacó: "La evidencia histórica está unánimemente del lado de
la idea de que nadie termina extrañando los puestos que reemplazan las
máquinas y que surgen nuevas ocupaciones".
"Si una máquina puede
hacer por cinco pesos el trabajo que una persona hace por 10pesos, el
trabajador tiene dos opciones: trabajar por cinco pesos [una reducción
de 50% de su salario] o buscar otro trabajo. Por eso, la máquina que
sustituye trabajo aumenta la productividad [y el ingreso del
empresario], pero reduce el salario [y el ingreso del trabajador],
profundizando la inequidad", explica Eduardo Levy Yeyati, quien abordó
este tema en su reciente libro PorVenir, de Editorial Sudamericana.
"El
desplazamiento de trabajadores de calificación media en países
desarrollados ocurre desde hace 30 años -prosigue el director de la
consultora Elypsis y presidente del Cippec-, no sólo por la mudanza de
puestos industriales a emergentes, sino también por la sustitución por
la máquina. De hecho, el empleo industrial en China cayó aproximadamente
un 25%, no muy lejos de la marca en economías desarrolladas. Así, la
globalización de empleos sería apenas una parada intermedia hacia la
automatización."
Para Guillermo Cruces, especialista en temas
sociales y laborales del Centro de Estudios Distributivos Laborales y
Sociales (Cedlas) de La Plata, en los países desarrollados se observa
cada vez más un reemplazo de tareas rutinarias por computadoras
(rutinarias cognitivas) o trabajadores y máquinas en otros países
(rutinarias manuales). "Esto empezó con las fábricas y el Made in
-agrega Cruces-, pero avanza cada vez más en tareas cognitivas, como lo
puede atestiguar cualquiera que haya marcado un 0800 para un servicio
local y haya obtenido una respuesta en otro lugar del planeta", dice.
En
la recuperación de la última crisis sólo crecieron en los Estados
Unidos los trabajos no rutinarios, aquellos que no pueden ser
reemplazados simplemente. Pero no se recuperaron las capas intermedias,
que son las que más sufren la automatización, en una tendencia que David
Autor, economista del Massachusetts Institute of Technology (MIT),
describe como "polarización del empleo".
Ya hay consultores en los
Estados Unidos y en Europa que publican listas de los "Diez empleos en
peligro de extinción" (como si fuera un especial de National Geographic
en especies en riesgo).
Y en cualquier polémica de este campo
surge la cita obligada al trabajo de los profesores de Oxford Carl Frey y
Michael Osborne, quienes relevaron la tasa de sustitución de máquinas
por humanos en cada una de las 702 ocupaciones que releva la secretaría
de empleo de los Estados Unidos y llegaron a la conclusión de que el 47%
de los puestos podrían ser desafiados por robots o inteligencia
artificial en los próximos veinte años.
Entre los más sustituibles
están las posiciones más rutinarias (como decía un titular de The
Economist recientemente: "Si usted está aburrido porque en su trabajo
hace lo mismo todos los días, empiece a preocuparse"). Entre los puestos
de trabajo más seguros, aparecen aquellos que requieren habilidades de
creatividad y empatía, inherentemente humanas.
Mad Men, Ricardo y los etruscos
El
debate sobre el futuro del empleo y la incidencia del reemplazo de
humanos por robots es muy pantanoso, en buena medida porque el presente
de este fenómeno está en discusión y no hay consenso entre los
economistas en que el estancamiento del empleo en los Estados Unidos y
en las principales economías del mundo se deba al factor tecnológico.
Hay
un tono "sombrío" en el debate económico global actual, que tiene un
emergente en los libros de moda (El capital en el siglo XXI, del francés
Thomas Piketty; La gran división, de Joseph Stiglitz, o las
compilaciones de Lawrence Summers sobre el "estancamiento secular").
Un
reciente informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económicos (OCDE) concluyó que la desigualdad nunca fue tan alta en la
mayor parte de sus 34 países miembros, un fenómeno que se explica en
principal medida por la caída del poder de compra del 40% más pobre de
la población. Cuánto de todo este marco se debe a la automatización es
lo que está en discusión.
De cualquier forma, no se trata de una
cuestión nueva. En la tercera temporada de la serie Mad Men, que
transcurre en Nueva York en la primera mitad de los años sesenta, Peggy
Olson (el personaje que interpreta Elizabeth Moss) sale a tomar algo a
la noche y conoce a un estudiante avanzado de ingeniería, que le cuenta
que se cambió desde abogacía. "Si nos van a reemplazar las máquinas de
todas formas, por lo menos quiero ser de los que las hacen", se
justifica.
La "angustia por las máquinas" recrudece tanto en
períodos de disrupción tecnológica como en los de estancamiento del
empleo. En 1821, un tiempo después de las protestas de los luditas que
rompían las máquinas de la Revolución Industrial, el economista David
Ricardo advertía sobre las consecuencias de la automatización sobre el
empleo, al igual que John Maynard Keynes en 1930, cuando acuñó el
término de "desempleo tecnológico".
En sus charlas en la Facultad
de Ciencias Económicas de la UBA, Lucas Llach, Heymann y Vaszhnov
coincidieron en llamar a no dejarse seducir por "distopías excesivas"
sobre la desaparición del empleo en manos de las máquinas. Como el "auto
volador", que, según el sitio PaleoFuture (que recopila visiones del
futuro de décadas pasadas), viene siendo anunciado desde una década y
media "para dentro de dos años", la disrupción laboral podría tardar más
tiempo en llegar o lo haría de otra forma.
Cruces, del Cedlas, da
un ejemplo al respecto: "Estas sustituciones también tienen sus
límites. Es un clásico, ya que se anuncia cada tanto una «nueva
revolución en la construcción», que generalmente implica algún tipo de
prefabricados: casas que se arman en containers, fábricas chinas de
rascacielos, habitaciones adicionales empacadas y despachadas en cajas
chatas por IKEA.. Sin embargo, y después de décadas de promesas de
prefabricados, seguimos construyendo, más o menos, como los etruscos".
Sin
embargo, son muchos los economistas que piensan que "esta vez es
diferente". Según cuenta Levy Yeyati a LA NACION, esta vez es distinto
porque la automatización reemplaza también tareas en el sector
servicios, donde hasta ahora recalaban los trabajadores desplazados de
la industria: "Y en la medida en que las máquinas ganen en flexibilidad y
capacidad de aprendizaje, podrían sustituir empleos menos
automatizables, hoy protegidos: el auto sin conductor reemplaza al
chofer; el robot, al repositor e incluso al personal de limpieza".
Para
los profesores del MIT Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, autores de La
segunda era de las máquinas, los avances en la tecnología digital son a
nuestra capacidad mental lo que la máquina de vapor fue, hace
doscientos años, a nuestra capacidad muscular.
Por eso, dicen, es
el mejor momento para ser un trabajador especializado con la educación
adecuada, con la capacidad para usar la tecnología para crear valor, y
es el peor momento para ser un trabajador estándar con aptitudes medias
fácilmente replicables por computadoras y robots. "Pero el progreso en
la digitalización podría poner en jaque a todo el espectro laboral.
Incluso al médico, gracias al perfeccionamiento del diagnóstico digital,
o al profesor, cortesía de los MOOC [la sigla en inglés de los cursos
online masivos y abiertos]", agrega Levy Yeyati.
Ver más en: http://www.lanacion.com.ar/1811492-robots-vs-humanos-la-pelea-que-viene-en-el-mundo-laboral